El verano y la cerveza… ¿Qué le decimos a nuestros pacientes?
Es inevitable, el verano y la cerveza (refrescante) son dos conceptos que van ligados. Cuando los pacientes nos preguntan al respecto, ¿qué podemos decirles? ¿Qué evidencia tenemos sobre los efectos en la salud del consumo de cerveza?
Como siempre, la moderación es la clave. Esta bebida fermentada, con una graduación alcohólica entre 4.5 y 7 grados en España parece que tiene efectos beneficiosos cuando se consume en cantidades muy moderadas. Los diferentes estudios epidemiológicos han concluido que un consumo moderado (dos cervezas de no muy alta graduación al día en el caso de los hombres, una en el caso de las mujeres) reduce el riesgo cardiovascular. Como todos sabemos, esto se debe al efecto conjunto del alcohol y los polifenoles (fitoquímicos procedentes de la cebada y el lúpulo, que tienen propiedades antioxidantes).
Estos dos componentes ayudan a aumentar el HDL (colesterol bueno), intervienen en la oxidación del colesterol malo, tienen efecto antiinflamatorio y mejora el metabolismo de la glucosa.
Sin embargo, un consumo elevado tiene los famosos efectos nocivos como lesiones hepáticas (cirrosis), musculares, cerebrales…
Estudios llevados a cabo por el Hospital Clínico de Barcelona han demostrado que los efectos beneficiosos del consumo moderado solo los tienen las bebidas de baja graduación (cerveza, vino, cava, sidra) y no los destilados (ginebra o vodka).
Por supuesto estos beneficios solo se obtienen en el contexto de un estilo de vida sano, con pequeñas cantidades ingeridas en una reunión o como bebida social y siempre basado en una dieta sana y equilibrada.